
Te necesito, dame tus manos, entrelaza tus dedos, apriétame fuerte, siénteme cerca... Agárrame sin dudar, súbeme al cielo, regálame tu tiempo y mirándome a los ojos, hazme desvanecer de este mundo.
Mi ancla varada en medio del mar, la que me daba sosiego y paz. Tu tenías mi suerte en tus manos, pero empezaste a jugar con ella, como la fina arena de la playa que se usa para construir castillos. Grabé tu nombre en la orilla, como si fuese en mi piel, pero la espuma del mar, lamiendo desesperada, borró toda aquella historia que habíamos empezado a escribir.
Ahora sólo me queda mecerme al compás de las olas, ahogarme en sus aguas, para fundirme con el mar.
1 comentario:
Recuerda que hemos encontrado la manera de que la arena no se escape entre nuestras manos...
muaaaa
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