
Una mañana cualquiera, pero con algo de tregua en el cielo; no gotas, pero sí frío. El sol acaricia con su luz, pero no con su confortable calor.
Ingredientes para esa sonrisa que me has regalado cuando te he traído el desayuno: unas naranjas y unas pocas mandarinas exprimidas para un zumito lleno de vitaminas, un huevo, leche, azúcar, harina, levadura y todo mezcladito. De aquí, salen unas tortitas hechas con mucho cariño. Una rellena con una buena cucharada de dulce de leche y otra con leche condensada, mmm..., hay que ver que goloso.
Un dolorcito en la barriga que ya tenías antes de que llegara, no ha impedido que fueses el de siempre. A última hora ha empezado ese virus malo a fastidiar un poco más. He intentado que con besitos, mimos, caricias, masajitos y un poco de calorcito de ese que dan los abrazos, se te curara o al menos se mitigara, pero creo que no he conseguido mi cometido.
Al llegar a casa..., ups!, casi pillados, jajaja!!! Pero que bien disimulamos o que bien se hace la tonta, ¿no?.
Repetiremos estos desayunos más a menudo, pero a ver cuando me toca a mí...
No hay comentarios:
Publicar un comentario