sábado, 6 de diciembre de 2008

De hostias y hostiones


Entre risas y lágrimas me levantaba ayer del suelo.
Sensaciones: dolor en el tobillo, falta de respiración e incluso mareo; diagnóstico: esguince de tobillo; manera a realizar: (la más tonta) la paciente se encontraba subida a una escalera limpiando cuando se disponía a bajarse con cuidado, con tan mala suerte de pisar en falso uno de los peldaños. Ésta pensado muy chulescamente por sus adentros: "bah, otra vez resbalón, pero caeré con un pie y quedará en un golpecito fuerte en la planta", si si, yaaaaaaa, un cuerno. Al final el pie apunta mal resbalando y cae directamente para pisar la maldita manguera de plástico del aspirador, con tan buena suerte que se desliza y hace que se desplace, lo cual para evitarlo, movimiento brusco para enderezar pero torciendo el tobillo de una forma que parecía la mujer de goma, pero nada más lejos de ello.
Sólo salía de mi boca la palabra "joder", una y otra vez. No sabía si reírme, llorar, pensar que había muerto, que me había roto la pierna en mil pedazos o qué se yo.
Esta mañana a urgencias para que me lo mirasen. Y efectivamente, las radiografías han verificado que era un esguince de tobillo...
En fin..., eso me pasa por ser una envidiosa. Si Cris se rompe un dedo con un mueble, yo me parto el tobillo tirándome desde una escalera. Ya que hago algo, lo hago a lo bestia.

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